Sobre el chat de Los Álamos
La noche en Los Álamos huele a pino y a tierra húmeda cuando el viento baja desde el río Trongol. No es casualidad: el nombre le viene a esta comuna de Arauco por los bosques de álamos que la rodean, esos árboles de copa alargada que se mecen sobre la Ruta 160, la misma que la une a Lebu en menos de media hora. La villa, fundada oficialmente en 1891, no es grande —poco más de diecinueve mil almas—, pero se nota en el aire su ADN forestal: los camiones cargados de troncos pasan por su avenida principal como si fuera parte del paisaje, y en los negocios locales aún se ven sacos de madera apilados junto a los sacos de papas de los huertos cercanos.
Entre los que han dejado huella aquí están los poetas. No solo los de ahora, sino nombres como René Briones Sandoval o Maribel Castro Vergara, antologados en la revista Chonchón. Sus versos, a veces leídos en el I Encuentro Latinoamericano de Poetas y Narradores de Lebu, son el contrapunto perfecto a ese olor a serrín que impregna el pueblo. Y si te gusta el folclore, no son raros los domingos en que algún grupo local —como el Club de Huasos Los Álamos— se reúne para recordar cuecas o tonadas, aunque sea en un local modesto del centro.
Lo más curioso es que, pese a su tamaño, Los Álamos tiene sus propios rituales. En la bifurcación de la Ruta 160, donde el camino se parte hacia Lebu, los camioneros paran a tomar café en las fondas de la carretera. Allí, entre tazas de café y pan con pebre, se hablan de negocios de madera, de la última lluvia que retrasó la cosecha o de los torneos de pesca que organiza el Club de Pesca y Caza. No es un pueblo de postales, pero tiene su propio ritmo.
Última actualización: 24 de septiembre de 2026