Sobre el chat de Villa Carlos Paz
Entre el eco de las lanchas en el lago San Roque y el aroma a facturas recién horneadas en la Costanera, alguien preguntó ayer si ya había subido al cerro La Banderita. No es solo el mirador más alto —1.800 metros—, sino el sitio donde, al atardecer, el viento corta como cuchillo pero la vista recompensa: las luces de la ciudad se mezclan con las estrellas y el lago brilla como un espejo roto.
En el centro, la peatonal General Paz se llena de verbenas improvisadas a las siete de la tarde, cuando los artesanos sacan sus tallas en madera del Champaquí o los puestos de empanadas de humita con queso se disputan con los de panchos de jamón y queso fundido. Si pasas por la plaza Vélez Sarsfield, fíjate en el mural de los niños jugando al rayuelo: es del artista local Gustavo López y cada baldosa cuenta una historia del barrio Pueyrredón, donde los vecinos aún se conocen de cuando la fiesta de la Primavera era solo un concurso de disfraces entre amigos.
Última actualización: 9 de agosto de 2026