Sobre el chat de Santiago del Estero
El puente sobre el río Dulce a la altura de La Banda brilla al atardecer, y no es solo luz reflejada: es el símbolo de una provincia que late entre tradiciones y paisajes áridos convertidos en huertas con solo agua. En Santiago del Estero el aire huele a mistol recién partido y a humo de asado de oveja, mientras la gente se reúne en las veredas de la capital para tomar un *mate cocido* con tortilla de rescoldo antes de la siesta. El centro histórico, con su catedral de estilo neoclásico y la plaza Libertad, sigue siendo el corazón donde los santiagueños se citan para hablar de fútbol —el Central Córdoba no perdona— o de la próxima zafra de algodón.
Más al sur, en Termas de Río Hondo, el paisaje cambia: el embalse y las aguas termales atraen a veraneantes que buscan aliviar reumas en los baños públicos, pero los locales prefieren el clima fresco de los algarrobales de Fernández, donde se cultiva el famoso *patay* (pan de algarroba) que endulza cualquier conversación. Aquí la gente no pregunta de dónde sos para juzgarte, sino para ofrecerte un plato de locro o un chivo al asador en alguna peña criolla. Si el calor aprieta, siempre queda la opción de refugiarse en los bares de Villa María, donde las empanadas de mondongo y el vino torrontés maridan mejor que cualquier excusa para no hablar del clima.
Última actualización: 8 de agosto de 2026