Sobre el chat de Río Gallegos
En invierno, cuando el viento del Estrecho de Magallanes silba entre los edificios bajos y las banderas flamean en la plaza, Rio Gallegos se vuelve una ciudad de contrastes. Al sur de la Avenida España, donde el asfalto da paso a la estepa, el aire huele a pan recién horneado de las panaderías de la calle San Martín. Por las noches, el resplandor de la iluminación pública se mezcla con el reflejo de las luces del puerto, donde los barcos cargueros esperan su turno para zarpar rumbo a Ushuaia.
La tradición ovina está en el ADN de este lugar: no es raro ver a los vecinos de Barrio Esperanza con sus botas de goma y camperas de lana, y en cada parrilla del centro late un asado patagónico. Si pasas por el Mercado Municipal un sábado por la mañana, prueba la torta negra con dulce de leche; aquí la hacen con harina de trigo local y un toque de miel de los apiarios de la zona. Aunque el clima es impredecible —un chaparrón puede caer en pleno verano—, los galleguenses lo llevan con humor, como cuando dicen que «acá el invierno tiene dos estaciones: frío y más frío».
Última actualización: 9 de agosto de 2026