Sobre el chat de Pico Truncado
Si cruzas la Ruta Nacional 3 al norte de Santa Cruz, el paisaje cambia sin aviso: de meseta a quebrada, de viento a calma. Aquí el viento no es un rumor, es un compañero que empuja las dunas del Valle del Río Deseado y que los locales convierten en deporte con kitebuggy cuando el clima lo permite. Más allá, el Cerro Pico Truncado —ese cono basáltico que da nombre a la ciudad— se alza con rocas que guardan fósiles de un mar extinto, como un libro abierto de millones de años.
La identidad de Truncado no está en lo que falta, sino en lo que resistió: el Galpón de Carga, derribado por un temporal en 2017, o la Estación Pico Truncado, reducida a cenizas en 1996, son huellas que aún se sienten en charlas de bar. El básquet, con la Garra Celeste y el Club Escuela La Escuelita, es otro orgullo local: aquí se juega en canchas que huelen a polvo y a sudor de barrio, más que a torneos. Y si el fútbol es religión, Defensores de Truncado y el 13 de Diciembre saben de qué se habla en la Liga Norte de Santa Cruz.
El invierno lo define el frío cortante; el verano, el sol que quema el basalto del cerro y los días de viento que hacen volar las chapas. Entre anegamientos en marzo de 2017 y rutas bloqueadas por el mar en La Lobería, Truncado sigue siendo ese lugar donde el paisaje y la historia se mezclan en cada esquina. ¿Qué se comenta por aquí cuando el viento no deja dormir?
Última actualización: 8 de agosto de 2026