Sobre el chat de Palpala
El color de la tierra en Palpala no engaña: cuando el sol se esconde tras los cerros, la Quebrada de Humahuaca se tiñe de ocres, rosas y violetas que solo quienes la han visto desde el puente sobre el río Grande pueden describir. No es casual que cada agosto, cuando la Pachamama se celebra con ofrendas de tabaco, maíz y alcohol, hasta los más reacios a hablar del tema acaben contando cómo guardan en casa esos pequeños paquetes de hojas de coca para honrarla. La gente aquí no se conforma con repetir lo mismo; si mencionas el cerro de Hornillos, te acaban contando si ya subiste por el sendero de las llamas o si prefieres quedarte en la feria artesanal de los sábados, donde venden ponchos tejidos por las tejedoras de la zona.
Más allá del turismo, Palpala tiene su ritmo: los domingos por la mañana, en el barrio de La Loma, los niños juegan al fútbol en la cancha de tierra mientras las abuelas preparan empanadas de queso de cabra en los fogones de leña. Si te acercas a la estación de tren —ahora reconvertida en museo—, verás que los locales aún discuten si el ramal a Huacalera debería reactivarse para carga o solo para paseo. Y si alguien te invita a un mate en la plaza central, no rechaces el bizcochuelo borracho: lleva un chorrito de vino de la zona, y aquí el vino se mide a cucharadas.
Última actualización: 14 de julio de 2026