Sobre el chat de Florencio Varela
El Mercado Municipal de Florencio Varela no solo huele a facturas recién horneadas y a pan de campo; es el termómetro de la ciudad. Los sábados, antes de las nueve, ya se forma la cola frente al puesto de empanadas de carne cortada a cuchillo del Tío Luis, donde el doble de jamón y queso es sagrado. Pero no es solo comida: ahí se cruzan las historias de los varelenses, desde el taxista de Villa Vatteone que lleva media vida haciendo la misma ruta hasta la maestra del barrio San Juan que viene a comprar los ingredientes para el asado de los domingos en su club, el Deportivo Varela.
Si pasas por el Bosque de Pereyra, no te pierdas el atardecer desde el mirador junto al lago, ese donde los patos criollos se posan sobre los juncos antes de que el sol se esconda tras las sierras de los Curumalales. Allí mismo, los domingos por la mañana, los pescadores de la zona suelen dejar sus cañas para tomar mate con los que van a hacer running por los senderos. El problema es que, a veces, el camino se llena de ciclistas de Villa Brown y hay que esquivar las bicicletas con cajas de cerveza bien frías colgando del manillar.
Última actualización: 18 de julio de 2026