Sobre el chat de Banfield
El aroma a facturas recién horneadas en las panaderías de San Lorenzo y Alsina se mezcla con el bullicio de los colectivos 55 y 75 que cruzan la avenida siempre a la misma hora. Aquí, en el corazón del Gran Buenos Aires, el fútbol no es solo un deporte: es una religión. El Club Atlético Banfield, con su estadio Florencio Sola lleno de banderas celestes y blancas, marca el pulso de la ciudad. En invierno, el frío se corta con un buen mate en la plaza Alsina, mientras que en verano, las familias se refugian en el Balneario Municipal, donde el agua del Riachuelo —sí, ese mismo que muchos conocen por otro motivo— se vuelve un oasis improvisado.
Pero Banfield no es solo deporte y tradiciones. El Mercado Regional de Temperley, a solo cuadras, huele a empanadas de carne cortada a cuchillo y a quesos de Tandil. Los sábados, las veredas se llenan de puestos de ropa usada y discos de vinilo, herencia de esa mezcla de migrantes italianos y españoles que dejó su huella en la gastronomía. Si vas por la calle 10, fíjate en el mural de la esquina con Aristóbulo del Valle: pinta la lucha de los vecinos contra la inundación de 2013, un recuerdo que aún duele y une.
Última actualización: 8 de agosto de 2026