Sobre el chat de Zipaquirá
Aquí la brisa del altiplano Cundiboyacense se mezcla con el rumor del río Bogotá, que hace de linde al oriente del casco urbano. Los zipaquireños —gente de carácter sereno pero de conversación ágil— saben que la sal no solo se extrae del suelo, sino que también se vive en el día a día: en la plaza central o en los pasadizos de las minas, donde el eco de los pasos resuena más allá de lo común.
La Catedral de Sal sigue siendo el imán que atrae a propios y extraños, pero en las calles se respira otro tipo de riqueza. El olor a papa sancochada —cultivada en veredas como El Alto del Águila, donde el clima regala cosechas tempranas— se cuela en los negocios del centro. Mientras, en el Estadio Héctor El Zipa González, los fines de semana, el grito de los hinchas llena las gradas y los niños corren tras la pelota como lo hacían los antiguos muiscas en los fosos de sal.
Entre semana, en la CicloVida del IMCRDZ, los mayores hacen sus rondas matutinas y los jóvenes se apuran hacia el parque lineal junto al río. Allí, bajo el cielo plomizo del páramo, alguien siempre lleva un pan de queso o un chocolate caliente para compartir. ¿Vienes a probar el sabor de Zipaquirá o solo a charlar?
Última actualización: 8 de septiembre de 2026