Sobre el chat de Leticia
Leticia, esa capital amazónica que huele a río y a palo de rosa, es el único punto de Colombia con frontera natural con Brasil y Perú. Aquí la vida se mide en soles que queman entre el verdor y el rumor de los motores de las lanchas que suben por el Amazonas. Si pasas por el malecón, verás a los pescadores descargando bagres de más de metro y medio mientras los vendedores gritan ofertas de pescado fresco envuelto en hojas de bijao. No hay prisa: la gente se toma el tiempo de saludar de mano y preguntar por la familia antes de hablar de negocios, aunque sea de poca monta.
Más allá del centro, en barrios como San Juan o Villa Fátima, la fiesta es cosa seria. En diciembre, cuando el calor se vuelve pegajoso y las lluvias amainan un poco, llega la temporada de las verbenas con música de carranga y trago de masato. Los más jóvenes se reúnen en la Plaza de Mercado a probar el inchicapi, una sopa espesa de gallina con maíz y maní que quita el frío de la selva incluso a las cinco de la mañana. Eso sí, cuidado con los mosquitos: en Leticia no avisan, te atacan sin piedad si te descuidas.
Última actualización: 8 de agosto de 2026