Sobre el chat de Valle de la Pascua
Bajo el sol de los Llanos Centrales, donde el calor se mezcla con el viento que baja por la quebrada La Pascua, Valle de La Pascua se alza entre ondulaciones suaves. No es una ciudad de trazos rectos: aquí las calles siguen el ritmo de la tierra, con el relieve colinoso que dibuja valles encajados y planicies que se pierden en el horizonte. A 125 metros de altitud, el termómetro rara vez baja de los 18 grados y en abril marca máximas que queman como solo saben hacer en estos llanos.
La Casa de los Isleños, con sus paredes de adobe y techos de tejas, es testigo mudo de más de tres siglos de historias. No es solo un edificio: es el recuerdo de quienes llegaron hace siglos a estas tierras y dejaron su huella en una ciudad que creció sin fundador, como si el tiempo mismo la hubiera moldeado. Al otro lado, la Casa de la Cultura ‘Lorenzo Rubín Zamora’ guarda entre sus muros lo que late en el corazón de los locales: el orgullo por lo propio.
Entre charlas sobre si el calor de mediodía es peor que el de la noche, o si el mejor momento para pasear es cuando el sol se esconde y el viento trae el olor a pasto recién cortado, aquí se habla de lo que une: la tierra que da, el ganado que pasta y esa Catedral de Nuestra Señora de la Candelaria, que desde su torre vigila a la ciudad como un faro en medio de la llanura.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026