Sobre el chat de Túquerres
Los tuquerreños saben que vivir a más de tres mil metros de altura no es cosa de otro mundo, sino de otro aire. Aquí el frío de la mañana se corta con un café de paja o un chocolate espeso, y la conversación fluye igual en la plaza que en el mercado, donde los productos de la sabana —papa, maíz y habas— se mezclan con el olor a leña de los fogones. El que llega por primera vez no tarda en darse cuenta de que en Túquerres las distancias se miden en pasos: setenta y dos hasta Pasto, pero un par de horas de charla con un vecino bastan para entender por qué este altiplano guarda historias de pastos y quillasingas entre risas.
La calle principal no es una más: es el eje donde se cruzan el comercio de la sabana del sur y la vida de quienes suben desde Ipiales o bajan hacia el Guáitara. Por aquí pasan los camiones con frutas y verduras, y los motociclistas que conocen cada curva del camino al volcán Azufral, ese gigante dormido que vigila la sabana desde sus 4.070 metros. Si preguntas, te dirán que el mejor momento para verlo es al amanecer, cuando la niebla aún no ha tapado los picos, pero lo cierto es que cualquier hora sirve para hablar del clima, del río Sapuyes o de cómo se vive entre dos mundos: el de arriba, donde el viento silba, y el de abajo, donde la tierra da de comer.
Quien busca algo más que un dato geográfico aquí encontrará el sabor de la *chicha de maíz* en las ventas callejeras y el ritmo de las fiestas que celebran lo nuestro. No hace falta ser de aquí para sentir que Túquerres no es solo un punto en el mapa, sino un lugar donde la altura no ahoga la conversación, sino que la hace más cercana.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026