Sobre el chat de Tucupido
El primer trazo de Tucupido lo dejó fray Anselmo Isidro de Ardales en 1760, cuando congregó bajo un techo de palma a doscientos indígenas cumanagotos y palenques para fundar Santo Tomás Apóstol. La misión resistió incendios intencionales y terratenientes, y hoy ese germen histórico late en plazas polvorientas donde el sol de 28 °C quema como en agosto. Por aquí el relieve ondula entre sabanas y cerros bajos: al norte, colinas que se desvanecen en mesetas; al sur, el embalse Tucupido, espejo de agua que recoge las crecidas de la quebrada Jabillal entre mayo y octubre.
Los llaneros de Ribas saben que su suelo arcilloso exige paciencia y fertilizante, pero la paciencia se premia con cosechas de maíz y sorgo que llenan los mercados del estado. Cuando las lluvias cesan, el ganado pasta en pastos secos mientras los ríos —como el Tamanaco, que arrastra su caudal hacia el Unare— bajan su curso. Aquí no hay prisa: el ritmo lo marca la tierra, que en agosto se hincha de agua y en abril se agrieta bajo el sol.
Si pasas por la zona, fíjate en cómo los ancianos aún cuentan historias de palenques y frailes capuchinos, mientras los jóvenes discuten si el maíz de este ciclo será mejor que el del pasado. En el chat hablamos de todo eso: de cultivos, de lluvias, de ese olor a tierra mojada que solo se siente en los Llanos cuando el cielo se parte en truenos.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026