Sobre el chat de Tucacas
Los tucaqueños son de esos que no se acaban nunca. Gente de hablar pausado pero con historias que saben a salitre, habituada a que el sol se cuele en cada conversación como se cuela en las playas de Morrocoy. Aquí la calle no es solo asfalto: es el murmullo de las olas contra los cayos, el olor a pescado recién sacado del mar y el rumor de los motores de las lanchas que llevan turistas a los islotes más cercanos. No es un pueblo de prisas, sino de encuentros donde siempre hay un vecino contando cómo fue la última temporada de pesca o por qué el cayo Sombrero sigue siendo el preferido para el atardecer.
Entre los tucaqueños se dice que la fiesta más auténtica es la que no está en el calendario, sino en la memoria del pueblo. La tradición oral cuenta que todo empezó con una joven indígena llamada Tucanca, hija del cacique Urumacán, y aunque el tiempo ha borrado muchos detalles, su nombre sigue vivo en el corazón de la parroquia. Mientras, en el Parque Nacional Morrocoy, la actividad no para: las lanchas salen cada mañana rumbo a Los Juanes o Las Ánimas, y al caer la tarde, el puente a Punta Brava se llena de familias que van a disfrutar de la única playa de la zona con acceso vehicular.
Quien llega a Tucacas por primera vez suele quedarse atrapado entre el bullicio de los puestos de mariscos frescos y la calma de las aguas turquesas. No es raro ver a los tucaqueños tomando un refresco en la plaza mientras discuten sobre la mejor ruta para llegar a Boca Seca o comparando anécdotas de cuando el parque era aún un secreto mejor guardado. Aquí el turismo no es masivo, pero sí intenso: los que vienen se llevan más que fotos, se llevan el sabor del pescado a la parrilla en los chinchorros y el sonido de las olas rompiendo contra los manglares.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026