Sobre el chat de Tovar
Aquí al pie de la Meseta La Galera, donde el techo verde de la ciudad se funde con el cielo, se respira ese aire fresco que baja de los páramos. El Monumento natural Meseta La Galera, con sus 1055 metros de altura y sus 95 hectáreas de verdor, parte la urbe en dos y sirve de pulmón entre el casco urbano y el Río Mocotíes. Por sus laderas se cuelan los senderos que llevan hasta el Parque nacional General Juan Pablo Peñaloza, donde los Páramos El Batallón y La Negra dibujan el horizonte. Es como vivir entre dos mundos: el bullicio del valle y la serenidad del páramo.
La gente de Tovar suele reunirse en el casco histórico, donde la arquitectura colonial y las casas de techos rojos se mezclan con el clima templado que ronda los 18 °C. Más allá del centro, los barrios se extienden hacia el sur, donde la altitud supera los 1000 metros y el aire se vuelve más fresco. Por las tardes, el aroma a café recién colado se mezcla con el sonido del río, y en las zonas altas, los visitantes se pierden entre neblinas que dibujan figuras efímeras en el paisaje. No es raro ver a los locales intercambiando historias junto a los puestos de panes de horno, donde el queso de la zona es rey.
Entre abril y noviembre, las lluvias refrescan la tierra y pintan de verde los alrededores. Los domingos, los más mayores se dan cita cerca del Cerro Loma de La Virgen para disfrutar de la tranquilidad, mientras los más jóvenes prefieren los espacios abiertos de la ciudad para conversar. Aquí no hay prisas: se vive a ritmo de valle, con la cordillera de fondo como testigo silencioso.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026