Sobre el chat de Tía Juana
Tía Juana no nació en un mapa, sino en un hato. Antes de que los pozos petroleros perforaran la tierra, este terreno llano y de sabanas era propiedad de Doña Juana Villasmil, una mujer de nombre recordado en cada esquina. El lugar pasó de ser un espacio de labranza a un símbolo de la industria que moldeó su futuro, cuando el gobierno de Juan Vicente Gómez expropió esas tierras para entregarlas a las petroleras. Hoy, la bandera del municipio lleva una rosa en su honor, como eco de aquel hato llamado La Rosa.
El crudo Tía Juana Light se hizo famoso en los años 80, pero lo que atrae a sus gentes es el calor de su gente y la memoria viva de quienes vivieron entre lagunas secadas para construir casas. En las noches, el viento trae el olor a petróleo mezclado con el aire salado del lago, y en las casas aún se habla de la época en que Shell alzó los primeros muros para sus trabajadores. Aquí, hasta el clima es parte de la identidad: el calor apretado entre 24° y 36°, la lluvia escasa que no alcanza los 500 mm al año y esa luz que parece fundirse con el asfalto.
Si paseas por sus calles, verás que el pasado y el presente conviven sin estridencias. No hay que buscar más allá para encontrar el sello de Tía Juana: un pueblo donde la tierra huele a petróleo y la gente recuerda a Doña Juana como quien sembró más que flores, sino raíces. Aquí se charla de lo cotidiano, pero siempre con un pie en esa historia que pocos lugares pueden contar.
Última actualización: 9 de agosto de 2026