Sobre el chat de San Juan Bautista
Los juanbautisteros se conocen en la calle como si fuera un salón: por las tardes, en el casco viejo, se mezclan el olor a pan de horno de leña con el rumor de las matracas que anuncian los rezos. No es raro ver a los más viejos sentados en los poyos de las casas de adobe, mientras los niños corren entre las sombras alargadas del cerro Copey.
Aquí el río de San Juan lleva décadas seco, pero su memoria vive en el nombre de la quebrada donde antaño crecían los dátiles más dulces de la isla. Los vecinos aún señalan con orgullo los palmerales que quedan junto a la antigua ruta del ganado, cuando este valle fue el primer hato vacuno de Venezuela. Por las mañanas, en el mercado del pueblo, huele a queso de cabra ahumado y a café de montaña, y nadie pregunta de dónde sacan las cosas: se sabe.
La orfebrería de plata y la música de cuatro y tambor redondo son el otro sello de San Juan. En las casas más antiguas, las mujeres bordan en hilos de colores los trajes de fiesta, y los hombres tallan en cedro los timbales que luego retumban en las romerías.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026