Sobre el chat de San Antonio de Los Altos
San Antonio de Los Altos huele a tierra mojada y a café recién molido al amanecer, cuando la niebla se enreda entre las casas de techos rojos que trepan por las laderas. Fundado en 1683 como San Antonio de Medinaceli, este rincón de los Altos Mirandinos guarda el aire de quienes llegaron en barco desde Canarias para cultivar estas tierras: el primer marqués de Mijares donó lotes a cuarenta familias insulares, y aún hoy se nota en el respeto por los cultivos y en la forma de hablar pausada de sus vecinos.
El clima cambia como un reloj de arena: las mañanas rondan los 15 grados, ideales para abrigarse con un saco tejido en la zona, mientras que al mediodía el sol calienta hasta los 28 sin perder ese frescor que atrae a caraqueños que huyen del calor asfixiante. Por aquí pasan todos: desde estudiantes que bajan a Caracas por la Panamericana hasta familias que buscan aire limpio en sus casas con jardines llenos de buganvillas. Lo que más sorprende a los forasteros no es solo el paisaje, sino cómo el pueblo conserva su identidad entre montañas.
Si te cruzas por el centro, fíjate en las calles que aún conservan el nombre de quienes las trazaron hace siglos. Aquí no hay prisas, pero sí hay historias que contar: desde las primeras siembras de café hasta las tardes de domingo en que los mayores se reúnen a hablar de tiempos pasados. El verdadero tesoro no está en lo que ves, sino en cómo lo viven sus habitantes.
Última actualización: 4 de septiembre de 2026