Sobre el chat de Salinas
En Salinas la brisa trae salitre y el sol se queda hasta tarde. Los salinenses salen a la calle cuando el calor amaina, entre junio y noviembre, para caminar por La Puntilla o trepar la colina de Punta Carnero. Allí, la gente se saluda por el nombre y las motos rugen más que las palabras en los cruces de la avenida Carlos Espinoza Larrea. El fútbol no es solo un deporte, es el idioma que une: en el Estadio Camilo Gallegos Domínguez se vive el gol como un festejo de barrio, aunque el equipo local más querido sea el Carlos Borbor Reyes.
La ciudad huele a mar y a sal desde la época colonial, cuando las pampas salineras daban trabajo y leyenda a estos lares. Hoy, el turismo ha convertido las playas en el escenario donde los salinenses muestran su hospitalidad entre hoteles de lujo y bares que se llenan cuando cae el sol. Los domingos, la familia se reúne en los clubes de la costa, donde el agua se mezcla con risas y el eco de los partidos que se escuchan por radio.
Los foráneos no entienden cómo se vive aquí: el invierno es corto y el verano no existe como tal. La gente se adapta al clima árido con chaquetas ligeras y gafas de sol, mientras el cerro de Salinas vigila desde lejos. Quien llega a Salinas no se va igual, porque el lugar se mete bajo la piel con sus atardeceres rojos y el rumor constante del Pacífico.
Última actualización: 8 de agosto de 2026