Sobre el chat de Quevedo
Quevedo respira entre el rumor del río que le da nombre y el olor a tierra mojada del trópico. Por las mañanas, el aire pesa con ese calor húmedo que anuncia lluvia, mientras las motos acuáticas ya surcan las aguas del río Quevedo cerca de las lomas donde nació el caserío. Los quevedeños saben que, más allá de los cultivos de banano y cacao que marcan el paisaje, esta ciudad late al ritmo de su fútbol.
El Club Deportivo Quevedo no es solo un equipo: es el grito unánime en las gradas del estadio, el orgullo que en los años 80 llevó al club a codearse con los grandes del país. Hoy, aunque juegue en la Segunda Categoría, sigue siendo el «Ídolo Riosense», el «Super Depor» o, como muchos prefieren, «El Quevedito». Cuando se habla del deporte en Quevedo, primero viene el fútbol; después, lo demás.
Las noches se alargan con paseos por las haciendas bananeras —como la enorme Hacienda Los Carrillos— o con la música de fondo de algún bar en el centro. El río, ancho y lento, invita a olvidarse de la lluvia hasta que el aguacero corta la noche. Aquí no se charla de cualquier cosa: se habla de tierras fértiles, de goles en el último minuto y de ese olor a tierra recién regada que solo se siente en Los Ríos.
Última actualización: 6 de agosto de 2026