Sobre el chat de Punto Fijo
La Cruz de Taratara, ese monumento blanco clavado en lo alto del cerro que domina la península, es el punto de referencia que más repiten los puntifijeños cuando hablan de su ciudad. No por casualidad: desde allí se ve la bahía de Amuay, el golfo de Venezuela y, los días despejados, hasta la silueta borrosa de las Antillas Neerlandesas. Pero más allá del turismo, lo que define a Punto Fijo es su gente: obreros, pescadores y comerciantes que se mueven entre los barrios de San José, Los Algodones o la urbanización El Cardón, donde el olor a pescado frito de las panaderías se mezcla con el salitre del mar.
En el Mercado Municipal, cerca del puerto pesquero, no es raro que un vendedor te ofrezca un *pescado salado* recién traído de Los Roques o te cuente que el *parrillón* —ese asado de costillas de res y chivo que se hace en las parrandas de San Juan— ya lleva tres días en la asadora. Mientras, en el sector de Pueblo Nuevo, las abuelas preparan *arepas de maíz de pabellón* los domingos, y los jóvenes se reúnen en la Plaza Bolívar a ver el atardecer sobre la península, con el viento de la costa despeinando las banderas que ondean en el mástil central.
Última actualización: 14 de julio de 2026