Sobre el chat de Punta de Piedras
Por aquí se huele a salitre y a pescado fresco antes de ver el mar. Los tuboreños —así se les conoce— son de hablar pausado pero directo, con esa mezcla de terquedad marinera y hospitalidad que te hace sentir en casa si aciertas con el café de pata’e cabra en algún puesto callejero. La calle no es un adorno, es el verdadero salón: entre los puestos de bivalvos recién llegados y los barcos que atracan en los muelles, parece que todo ocurre en primera fila.
Lo que más define este rincón de Margarita es su dependencia del agua, no solo por el clima que quema a 40 grados al sol, sino por esos tres puertos que convierten a Punta de Piedras en la puerta de entrada y salida de la isla. Desde aquí saltas a Cubagua o a Coche en lancha, o tomas el ferry que une con el continente. Pero lo suyo no es solo movimiento: en los muelles se ve cómo se descargan las capturas del día, desde los tradicionales pate’e cabra hasta otras especies que luego se exportan por el Caribe.
Aquí las piedras que le dieron nombre ya no están —se las llevó el mar y el tiempo—, pero queda el eco de las rancherías perleras del siglo XVI y el orgullo de ser la capital de Tubores. La Laguna La Restinga, con sus aguas tranquilas, y el Arroyo Los Taques son solo algunos de los rincones que rodean la ciudad, donde la vida se mide por las mareas y el olor a marisco frito en las tardes.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026