Sobre el chat de Higuerote
El viento salado de Higuerote llega antes que el sol. Entre las olas que rompen en la orilla y el monte que se asoma verde al fondo, la costa respira tranquila, ajena al bullicio de Caracas. Aquí el tiempo se mide en mareas y en la sombra de los cocoteros que dibujan el horizonte, donde el mar caribeño se funde con la tierra en un abrazo de sal y arena.
El río nunca está lejos: su curso entre palmeras y casas de madera es el camino natural que une el pueblo con el interior de Barlovento. Allí, el contrabando de cacao que marcó su historia dejó huellas en la memoria colectiva, pero hoy el ritmo lo marcan las voces de los temporadistas que llegan buscando refugio del calor capitalino. La gastronomía local aún guarda trazas de aquel pasado: platos sencillos pero sabrosos, donde el pescado fresco y el coco fresco son los protagonistas.
Si buscas algo más que sol, el monte cercano ofrece senderos sin nombre en los que perderse entre bromelias y aves que anidan en la espesura. Y cuando cae la tarde, el aroma a pescado asado en las parrillas de la playa se mezcla con el rumor de las olas. Aquí no hay prisa: ni en el chateo ni en la vida.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026