Sobre el chat de Granada
El olor a té moruno en el Albaicín al atardecer se mezcla con el eco de un guitarra en Sacromonte. Aquí no se viene solo a ver la Alhambra: se viene a sentir el peso de la historia en cada callejuela empedrada, donde el agua de las acequias susurra entre los cármenes del Realejo. Si cruzas el Puente del Cadí al caer la noche, verás cómo la luz del Generalife dibuja sombras danzantes en las torres nazaríes. Los granadinos, por cierto, no te dejarán pagar una ronda: en Granada la tapa es ley, y aquí una caña vale por dos.
Más allá del centro, la ciudad respira en barrios como el Zaidín, donde las abuelas venden gazpacho en los bares de toda la vida, o en el Cartuja, donde los estudiantes se refugian del bullicio en terrazas escondidas. Y si te pican las piernas de tanto subir cuestas, siempre puedes refugiarte en el Parque de las Ciencias, que con sus más de 70.000 metros cuadrados es el museo de divulgación científica más grande de Andalucía. Eso sí, lleva calzado cómodo: en Granada las cuestas son parte del encanto.
Última actualización: 9 de agosto de 2026