Sobre el chat de General Güemes
La plaza principal de General Güemes siempre tiene algo que contar. Ahí se alza la Iglesia Santa Rosa de Lima, con su fachada que recuerda al esplendor colonial, y frente a ella el Paseo Güemesiano, donde cada tarde los vecinos pasan a tomar mate entre árboles que han visto pasar más de un siglo de historias. Lo que muchos no saben es que ese suelo fue antes la finca que dio nombre al pueblo, la Santa Rosa, y que el ferrocarril —llegado en 1890— convirtió este lugar en un punto clave para el azúcar y el tabaco de la zona.
Al sur, en El Sauce, el olor a azufre anuncia las aguas termales que brotan entre la vegetación del Bordo. No es un simple balneario: es un secreto a voces entre quienes buscan alivio en sus aguas calientes, y que cuando anochece, la luz de las casas bajas ilumina el paisaje como si el pueblo respirara tranquilo. Mientras, en Cobos, el Fuerte de Cobos —reliquia de otra época— vigila desde las afueras, testigo mudo de cómo la expansión del ferrocarril convirtió a Güemes en el segundo centro ferroviario del noroeste argentino, después de Tafí Viejo.
Más allá del centro, Palomitas a 20 km es ese pueblo que solo los que pasan por la Ruta 34 conocen bien. Allí, el Árbol Histórico de Campo Santo —a solo 4 km de la ciudad— marca un lugar donde la tradición y la tierra se mezclan sin prisa. Y si alguien pregunta por qué Güemes huele a caña y a tierra mojada después de la lluvia, la respuesta está en el Ingenio San Isidro, el primer ingenio azucarero de Latinoamérica, que aquí sigue escribiendo su historia entre chimeneas y cultivos.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026