Sobre el chat de Ejido
En Ejido la vida se mide por el ritmo de las quebradas que bajan de la cordillera, entre risas que resuenan en la Plaza Bolívar y el aroma a pan recién horneado que se escapa de las panaderías del casco colonial. Los ejidenses —con ese carácter sereno pero firme de quien habita entre montañas— saben que aquí hasta el silencio tiene sonido: el murmullo del río Montalbán mezclado con el repique de las campanas del Santuario Diocesano San Buenaventura, frente a la plaza donde ayer y hoy se cruzan los caminos de la historia.
La gente acude al mercado de la zona comercial más transitada para comprar los ingredientes de la gastronomía local, donde los frutos de la tierra —como la caña de azúcar y las guayabas— se convierten en dulces tradicionales. Más allá del comercio, en las afueras de la ciudad, el complejo turístico La Venezuela de Antier transporta a los visitantes a principios del siglo XX, con sus casonas de estilo colonial y el eco de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Y si lo que buscas es cultura, la Fundación Hacienda El Pilar ofrece talleres de pintura y danzas que reflejan el alma de este pueblo, donde las tradiciones no son solo historia, sino algo que se vive cada día.
Por las noches, el Terminal del Trolebús de Mérida se llena de jóvenes que regresan a sus casas después de estudiar o trabajar, mientras en los balcones de las casas coloniales se encienden las primeras luces. Aquí, en Ejido, hasta el aire huele a historia y a futuro, a esos 99.837 habitantes que hacen de este lugar un punto único en la geografía andina.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026