Sobre el chat de David
El nombre de David no llegó por casualidad: lo heredó de los primeros colonos judeoconversos que pisaron estas tierras, atraídos por el camino que unía América Central con Panamá. Esa ruta, el Paso de la Saca, marcó el destino de un pueblo que hoy late entre tradiciones y modernidad. Aquí, entre sabana y laguna, el calor no es solo del clima, sino de la gente que lo hace suyo: desde los deportistas que desfilan por los parques hasta los vecinos que se reúnen en el parque Miguel de Cervantes Saavedra, una de sus zonas verdes más emblemáticas.
La ciudad no se queda en lo grande: su alma está en los detalles. La Torre Exenta, esa construcción del arquitecto italiano José Belli que desafía el tiempo, o la Residencia de Obaldía, hoy centro cultural, son testigos mudos de siglos de historia. Y si de cultura hablamos, David no se conforma con lo que hay: su oferta deportiva —fútbol, béisbol, taekwondo— demuestra que el movimiento es parte de su esencia, incluso bajo ese sol que quema a 32 °C.
Los inviernos lluviosos traen consigo el aroma a tierra mojada y la excusa perfecta para refugiarse en los bares del casco antiguo o en los centros comerciales que han convertido a la ciudad en un imán para el turismo. Aquí no se habla de David como quien nombra un billete: se habla de David como quien recuerda un lugar donde el tiempo se mide por el ritmo de la vida.
Última actualización: 8 de agosto de 2026