Sobre el chat de Cumanacoa
Los cumanacoenses son gente de tierra adentro, de ese Sureste de Sucre donde la brisa del mar se mezcla con el olor a caña quemada y tabaco fresco. Aquí no hay prisas: se vive a ritmo de quinteto típico, de gaitas de furro y de historias contadas bajo la sombra de los mangos del pueblo. La calle es el gran salón de estar, donde desde temprano se oye el rumor de las ventas de legumbres —por eso el nombre, dicen— y el saludo entre vecinos que se conocen de toda la vida.
Cuando cae la tarde, la plaza se llena de parejas de baile y de quienes buscan el fresco con un 'pelao' de pan de horno, ese pan de trigo que aquí lo hacen más dulce que en otras partes. Los más mayores aún recuerdan a El Trigueño Villafranca, el músico que llevó el son montesino más allá de Cumanacoa, y aunque el tiempo ha pasado, su legado sigue en cada fiesta de tambores y cuatro. Por algo dicen que esta tierra es cuna de artistas, no solo de frijoles.
Más allá del casco central, los caminos se pierden entre plantaciones de caña de azúcar que en cosecha olen a miel quemada. Los que vinieron a trabajar aquí se quedaron, y ahora sus hijos hablan con acento de la montaña y el río. Si pasas por el valle, fíjate en las lomas rojizas al atardecer: son el paisaje que heredaron los que aquí se quedaron, los que saben que Cumanacoa no es solo tierra, es un modo de vivir.
Última actualización: 7 de agosto de 2026