Sobre el chat de Ciudad Ojeda
Hoy mismo se cumple un detalle histórico en estas calles: Ciudad Ojeda no nació de casualidad. El 19 de enero, pero de un año que no hace falta nombrar, el presidente de entonces decretó su fundación para alejar a los vecinos de Lagunillas de Agua de los palafitos sobre el lago. El plan era sencillo: tierra firme y menos riesgo con la industria petrolera que ya bullía en la zona. El nombre le rinde homenaje a Alonso de Ojeda, el navegante que le dio el primer nombre a estas aguas. Hoy la ciudad respira petróleo, pero también deporte y ese ritmo acelerado de quienes viven pegados al lago más grande de Sudamérica.
Si pasas por el sector este, fíjate en cómo el terreno plano se ha comido la planificación original. Los barrios improvisados crecen allí donde la evaporación supera los 2.500 mm al año y el asfalto aún no llega. En el centro, en cambio, el comercio no para: talleres metalmecánicos, tiendas de repuestos para PDVSA y hasta negocios que venden desde botellas de agua hasta herramientas para la industria. Los fines de semana, el fútbol y el béisbol copan las canchas municipales; en las ligas menores de ambos deportes juegan los mismos chicos que luego vestirán los equipos profesionales de la ciudad.
Los que vivís por ahí sabéis que el lago marca el compás: el olor a crudo se mezcla con el viento salado cuando el atardecer enrojece las aguas. No hay que buscar mucho para encontrar a alguien que haya trabajado en una plataforma petrolera o que lleve años en la liga local de karate do. Aquí el deporte no es afición, es costumbre. Quien entra a esta sala suele contar dos cosas: algún logro deportivo de los equipos de la ciudad o anécdotas de cuando el lago se tragó un barrio entero. ¿Y tú, de qué lado estás: del comercio que mueve la zona o del deporte que la une?
Última actualización: 7 de septiembre de 2026