Sobre el chat de Chone
El ritmo de Chone se mide en pasos sobre el empedrado del centro y en el rumor del río que lleva su nombre, que serpentea entre casas de madera y techos de zinc. Los choneños, con su arrastre de palabras que parece cantar entre risas y reproches, le dan al lugar ese aire de pueblo grande donde todos se conocen: el tendero que te saluda por el apodo, el mototaxista que te pregunta por el pariente lejano o la mujer que vende plátanos maduros a grito limpio. Aquí la calle no es solo un camino, es un escenario donde el Montubio y la Comadre —símbolos de identidad costeña— se codean con los nuevos aires de la ciudad.
Las tardes se llenan del olor a pescado fresco en los muelles junto al río Chone, mientras los cerros que rodean la ciudad, como el Cerro Blanco de quinientos sesenta metros, vigilan desde el sureste. No hay que buscar nombres rimbombantes: la geografía habla por sí sola, con llanuras que se inundan en invierno y lomas que guardan la brisa marina. La fiesta no necesita carteles: cuando llega el tiempo de la cosecha o las primeras lluvias, el pueblo entero se echa a la calle sin avisar, porque en Chone lo importante no es el motivo, sino el modo de celebrarlo.
¿Buscas a alguien de Chone? Aquí está el sitio. Si prefieres hablar de los cerros o del río, o simplemente pasar el rato con quienes han crecido entre estas calles sinuosas, entra y échale un vistazo. No hace falta ser montubio para sentir el calor de esta tierra, pero sí tener ganas de entender por qué el acento de por aquí suena a salitre y a historias que se repiten en cada esquina.
Última actualización: 8 de agosto de 2026