Sobre el chat de Centenario
En Centenario la gente no se esconde tras las bardas. Aquí el viento del Neuquén arrastra el olor a fruta madura de las chacras y el eco de los motores del Autódromo Parque Provincia, donde los fines de semana los pilotos locales y visitantes rompen el silencio de las mesetas con sus turismos. Los centenerenses, acostumbrados a vivir entre el verde intenso de los manzanos y perales y el polvo de la tierra que rodea las bardas erosionadas, salen a la calle sin prisa pero con propósito: en la vereda de la avenida principal, bajo la sombra de los álamos, se cruzan vecinos que van a la feria de productos del valle o a repasar los resultados del equipo de fútbol, la Asociación Deportiva Centenario, que desde 1977 les da algo más que un club.
La geografía marca el ritmo. Las bardas, esas paredes naturales de tierra erosionada que flanquean el valle del río, ya no desbordan con las crecidas gracias al dique Ballester aguas arriba. Eso permitió que el pueblo se extendiera sobre la meseta, donde antes solo estaba el barrio Sarmiento, y hoy las calles cuadriculadas se pierden entre colonias agrícolas que cultivan, en apenas unas hectáreas, lo que otros lugares necesitarían kilómetros. Los caprinos pastan en los márgenes, y en las bodegas cercanas aún se respira el trabajo de quienes, desde la época de la Colonia Sayhueque, convirtieron estas tierras áridas en un vergel frutal.
Cuando cae el sol, el Autódromo enciende sus luces y Centenario se llena de un rumor distinto: el del turismo carrera en categorías nacionales. No es raro ver a familias enteras llevando sillas plegables y termos de mate para ver las curvas del Parque Provincia, un alivio para quienes durante el día riegan los frutales o cargan cajas de peras en las empacadoras. Aquí hasta el ocio sabe a tierra, a esfuerzo y a un poco de adrenalina en el asfalto.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026