Sobre el chat de Caraballeda
En Caraballeda los caraballedenses se toman el tiempo como si fuera parte del paisaje: la brisa del Caribe entra por las ventanas abiertas de las casas de techos bajos, mientras en el malecón el ritmo de siempre se mezcla con el sonido de las olas rompiendo contra la costa. Aquí la calle no tiene prisa, pero sí carácter, y en cada esquina se huele el salitre mezclado con el café recién hecho que sacan de las cocinas de las casas de madera pintadas de colores.
Aquí se habla de la Villa de El Collado, fundada en 1560 por Francisco Fajardo, como si hubiera sido ayer. Los más mayores aún mencionan los sismos históricos —como el de 1641 o el de 1812— cuando las chozas de paja resistieron mejor que las estructuras de ladrillo de hoy. Y en el comercio de la urbanización Caribe, que antes albergaba hoteles como el Macuto Sheraton, se comenta cómo el turismo cambió para siempre después de los deslaves, pero la esencia del lugar sigue intacta.
En las tardes, los yates y los campos de golf de la zona son el escenario perfecto para ver cómo conviven la tradición y el progreso. Los caraballedenses no se cansan de repetir que, a pesar de todo, su pueblo sigue siendo ese rincón del Litoral Central donde el mar y la historia se dan la mano cada día.
Última actualización: 4 de septiembre de 2026