Sobre el chat de Caldas de Reis
El puente romano de Caldas de Reis, con sus arcos de piedra que cruzan el río Umia desde el siglo I, es el primer saludo que recibe cualquier visitante al llegar al casco urbano. No es solo una obra de ingeniería: cada tarde, los vecinos se acercan a pasear bajo sus faroles, y los más mayores suelen sentarse en el pretil para contar historias de la romería de San Roque, que en agosto llena las calles de música y ferias. Si vas por allí, fíjate en el detalle de los capiteles del puente: uno de ellos representa a un dragón devorando a un hombre. Locales y forasteros se preguntan si es un símbolo pagano o una advertencia medieval contra los pecados de la carne.
Pontevedra queda a media hora en coche, pero Caldas tiene su propio carácter. El barrio de San Antón, donde está la iglesia del mismo nombre, es el corazón de las fiestas patronales: las hogueras de San Juan iluminan la noche del 23 al 24, y al día siguiente, la procesión con la imagen del santo serpentea entre petardos y cánticos. Pero donde realmente se respira la identidad local es en el mercado de los miércoles, junto al río: los puestos de pescado fresco —como el pulpo á feira o las vieiras— conviven con los de quesos de tetilla y berberechos. Un dato práctico: si quieres probar el mejor arroz caldoso de la zona, pregunta por el 'arroz de monte' en cualquier restaurante del centro; lleva ajo, pimentón y un toque de vino de la tierra.
Última actualización: 6 de julio de 2026