Sobre el chat de Calabozo
El Guárico serpentea junto a Calabozo como un gigante manso, dibujando curvas que justifican su nombre: el río forma un arco que recuerda a aquel viejo instrumento de labranza español, el calabozo. Aquí, entre 72 y 139 metros de altitud, la llanura se extiende sin prisa, salpicada por zonas bajas que se ahogan cada vez que el río crece desmedido. Aun así, la vida no se detiene: son 168.605 voces contando historias entre sembradíos de maíz y arroz, bajo un sol que no perdona.
La gastronomía es el retrato de un pueblo que sabe combinar lo práctico con lo sabroso. En cualquier rincón, el gallopinto humea en la olla, mientras que el pisillo de venado o el hervido de res esperan su turno en los fogones. No falta el queso de mano recién hecho, ni las cachapas acompañadas de cochino frito, un clásico que se vende todo el año. Y cuando llega Semana Santa, el pisillo de chigüire se convierte en protagonista, como si la Cuaresma pidiera un plato de resistencia.
Más allá de los platos, el fútbol late en el Estadio Alfredo Simonpietri, donde los Arroceros de Calabozo siguen escribiendo su historia. Mientras, el Sistema de Riego del Río Guárico —el más extenso del país— convierte cada hectárea en una promesa de cosecha, aunque a veces las compuertas de la presa tengan que abrirse para domar al río cuando se desborda.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026