Sobre el chat de Cajicá
El nombre de Cajicá viene de los muiscas, que lo llamaban así por el paisaje rocoso de sus alrededores. No es casualidad: su geografía de cerros y el cerro Busongote guardan huellas de aquellos primeros encuentros, cuando los güechas se toparon con la vanguardia de Jiménez de Quesada en 1537. Hoy, la piedra sigue siendo protagonista en sus tejidos, donde la lana virgen de oveja se convierte en tapices y tapetes que los artesanos anudan a mano en los telares del pueblo.
El Río Bogotá bordea la zona y baja desde las alturas de la Sabana Centro, dándole a Cajicá ese aire fresco y montaraz que contrasta con la bullicia de la capital. Aquí la temperatura promedia catorce grados, y el frío se palpa en las noches, sobre todo en los paseos por Montepincio. No hay que perderse el Paseo de Olla, tradición sabanera donde las familias comparten asados y comidas típicas al aire libre, ni la Reserva Natural de Montepincio, ese pedazo de bosque que se cuela entre el casco urbano y el campo.
Para quienes buscan algo más activo, el Autódromo XRP acoge carreras y eventos deportivos, mientras que el Centro Cultural y la parroquia Inmaculada Concepción son paradas obligadas para entender su identidad. El Tren de la Sabana hace aquí su parada más larga, y en el recinto multieventos se han visto desde salones de arte hasta fiestas tradicionales. Si te gustan los sabores de la tierra, pregunta por los platos que acompañan a los tejidos: aquí la gastronomía se sirve con el mismo cuidado que los artesanos ponen en sus obras.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026