Sobre el chat de Villa Altagracia
En Villa Altagracia los altagracianos se conocen en la calle por el olor a cítricos que flota desde el Consorcio Cítricos Dominicanos, S.A., o por el traqueteo de los camiones que pasan por la antigua ruta de caravanas hacia Santo Domingo. Aquí el calor de la mañana se corta con el rumor de los ríos que arrastraron oro sedimentario y hoy riegan las tierras fértiles, mientras los vecinos se saludan con ese tono directo que da la vida entre sierras y quebradas.
Por las noches, en las aceras de la zona franca, se ven luces de las empresas QUEBRAPEDRA, S.A. —que convierte frutos en aceite para cosmética— y Holding Cajas Dominicana, S.A., que arma cajas con menos de cien manos. No hay grandes concentraciones, pero sí un ir y venir constante: quien no trabaja en citrus o en agua purificada (como Agua Santa Clara o Agua Purificada El Duey) suele moverse entre los comercios pequeños o las fincas donde aún se siembra lo que antes atrajo a los primeros pobladores.
Si buscas el pulso del pueblo, fíjate en las conversaciones junto al río: allí los más mayores hablan de cuando el correo a caballo cruzaba estas tierras, y los jóvenes del ruido de los camiones que reemplazaron a las caravanas. Villa Altagracia no es grande en tamaño, pero sí en historias que se repiten en cada esquina.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026