Sobre el chat de Sullana
El sol cae a plomo sobre Sullana y sus calles olvidan el calor cuando llega la hora del almuerzo: el olor a chifles recién fritos y a carne aliñada se mezcla con el polvo del Barrio Norte. Por aquí la vida no se esconde tras portones, sino que se vive en la acera, donde los vendedores de chumbeque y los parroquianos del estadio dialogan como si fueran de la misma familia. El gentío sullanense no se mide en cifras, se nota en la forma de caminar: con prisa hasta las cinco y luego, al caer la tarde, bajo los techos de zinc de los comedores populares.
Los de por aquí no necesitan más presentación que el nombre de su sitio favorito: la Pileta Ornamental, ese hongo de concreto con figuras tallanas que el escultor Víctor Delfín clavó en la intersección de la Panamericana con la avenida José de Lama. Más allá del tráfico, el río Chira serpentea lento, llevando historias de lagartos de oro y de cultivos que verdean hasta perderse en el delta cerca de Paita. En las esquinas suenan los nombres de los potajes como saludo: el seco de chavelo, la carne aliñada con su camote y yuca, o el ceviche de cachema que brilla bajo el sol de la costa.
Si te gusta el fútbol, aquí el Alianza Atlético no es solo un club, es una obsesión que llena el estadio Campeones del 36 cada vez que juega. Entre partido y partido, la gente se reune en las heladerías de la plaza o en los quioscos donde sirven chicha de jora fría. No hay que buscar mucho para encontrar a alguien que te hable de los alfajores de guanábana o de las natillas de leche de cabra: en Sullana, la tradición se comparte como se comparte un mate burilado.
Última actualización: 9 de agosto de 2026