Sobre el chat de Lambayeque
En la costa norte de Perú, donde el desierto se funde con el mar, Lambayeque respira tradición y dulces secretos. En Chiclayo, su ciudad más dinámica, el olor a panetón y suiche —ese dulce de algarrobo fermentado— huele en las calles desde diciembre hasta marzo, cuando las familias se reúnen para fermentar la chicha de jora en tinajas de barro. No es casualidad que aquí se celebre el Festival del Limón, donde los puestos del Mercado Modelo se llenan de limonadas heladas y los jóvenes bailan marinera al ritmo de bandas locales.
A pocos minutos, en el balneario de Santa Rosa, las olas rompen en la playa más larga de la región, ideal para surfistas que buscan olas constantes y familias que prefieren las hamacas bajo las palmeras. Mientras, en Túcume, las pirámides de adobe se alzan como testigos mudos de la cultura Sicán, y en Ferreñafe, el Museo Nacional Sicán guarda piezas de oro que brillan bajo la luz del desierto. Aquí, hasta el tráfico en la Panamericana se detiene por un momento cuando pasa una cuadrilla de caballos de paso.
Última actualización: 17 de julio de 2026