Sobre el chat de San Pedro de Macorís
Bajo un cielo que se funde con el mar, San Pedro de Macorís respira entre el murmullo del río Higuamo y el ritmo constante de sus calles. Aquí el tiempo se mide en peloteros que pasan del diamante a la leyenda y en olores que desfilan por los mercados: el pan cocolo recién horneado, el caldo espeso de funji con pescado o el dulzor ácido del Guavaberry que se escapa de las botellas en los rincones más antiguos.
Cuando llegan las fiestas, la ciudad se viste de gala: los guloyas desfilan con sus trajes de colores imposibles, saltando al ritmo de tambores que no callan ni en Semana Santa, cuando los gagas toman las calles con su danza haitiana. Y si miras hacia el centro, verás la catedral de San Pedro Apóstol, un ladrillo a ladrillo de fe neogótica que se alza como testigo de más de un siglo de historias entre sus muros.
Los domingos, los niños juegan en el estadio Tetelo Vargas antes de que el sol se ponga tras los bateos de los peloteros que sueñan con firmar en las Grandes Ligas. Aquí no se habla de tiempo perdido: se habla de sabor, de tradición, de ese Johny Cake que se parte en la acera mientras la brisa del Higuamo arrastra risas y conversaciones que empiezan con un "¿tú también eres de aquí?".
Última actualización: 7 de agosto de 2026