Sobre el chat de Salcedo
Salcedo huele a tierra mojada y a frutos maduros. El aire cargado de humedad sube desde los valles cercanos, donde los plátanos se mecen entre el verdor y el cacao aromatiza las tardes de mayo a octubre. Cuando llega agosto, el calor se hace sentir: el asfalto vibra a 31°C bajo el sol, y los salcedanos buscan la sombra de los almendros del parque central. En invierno, el frío se cuela por las noches con mínimas de 19°C, y enero trae ese frescor que solo se rompe con el olor a café recién tostado de las panaderías de la calle Juan Pablo Duarte.
Aquí la economía no se disfraza: el plátano, la yuca y el cacao son el pan de cada día. Los camiones cargados de racimos verdes parten al amanecer rumbo a los mercados de Santiago, mientras en las fincas familiares se tuestan las semillas del cacao para venderlas a las cooperativas locales. No hay que buscar faroles ni patios: la vida se vive en las calles polvorientas y en los colmados donde sirven un café negro y espeso que quema más que la temperatura de agosto.
Si pasas por la plaza que lleva el nombre de las Hermanas Mirabal, fíjate en los murales que recuerdan su historia. No es un simple homenaje: en este municipio, la memoria se escribe en las paredes y en las conversaciones de quienes aún guardan historias de esa tierra que antes se llamó Juana Núñez. Aquí no se habla de futuro lejano, sino de cosechas y de cómo sobrevivir a la próxima temporada de lluvias.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026