Sobre el chat de Paita
Payta, como la llamaban los antiguos pobladores, no es solo un nombre de origen quechua que significa "padre" o "señor". Es una ciudad donde el mar y la arena se mezclan con la historia, a solo 57 kilómetros de Piura. Aquí las calles hablan de un puerto que mueve al país: el segundo más importante después del Callao, donde el olor a pescado fresco se confunde con el salitre de la Bahía de Paita.
Si pasas por Paita, no te vayas sin probar un ceviche al estilo paiteño o un plato de tamales de pescado con sarsa. Y si te gusta lo que el tiempo se llevó, el Museo Elba Aranda de Sarango guarda fósiles de animales que poblaron estas tierras hace miles de años. Más allá del asfalto, las quebradas convertidas en avenidas —como el Jr. Zanjon o la Av. San Rafael— recuerdan que la ciudad creció entre cerros y mar, siempre alerta al ritmo del océano.
En Pueblo Nuevo de Colán, a pocos kilómetros, la Capilla Sixtina de Paita despliega pinturas al fresco con escenas bíblicas que cubren muros y columnas. No es réplica, es arte original que habla de una devoción que los incas trajeron y los españoles no lograron apagar. Paita no pide permiso para ser lo que es: un cruce de culturas entre el desierto y el Pacífico.
Última actualización: 7 de agosto de 2026