Sobre el chat de Melo
Melo no es una ciudad cualquiera. Aquí el ritmo lo marca la Plaza Independencia, donde los domingos por la mañana huele a facturas recién horneadas y a mate compartido entre vecinos. Los más mayores aún se reúnen bajo los árboles de la plaza para hablar de fútbol —el equipo local, el Cerro Largo, es sagrado— mientras los jóvenes pasan en bici por la peatonal Sarandí, la arteria comercial que corta el centro como un cuchillo. Si llegas al atardecer, fíjate en el color del cielo sobre la laguna Merín: ese tono lila lo reconoces al instante.
La otra cara de Melo está en el Barrio Anglo, un sector con casas bajas de ladrillo visto y calles sinuosas donde todavía se escucha el acento gaucho mezclado con el de los inmigrantes polacos que llegaron hace un siglo. Aquí la fiesta no es solo en el carnaval —que en febrero llena las calles de comparsas y serpentinas—, sino en las peñas del Club Social y Deportivo Melo, donde se baila chamamé hasta que el cuerpo aguante. Pregunta por la Feria de los Viernes en el Mercado Municipal: allí venden queso de tala, dulces de batata y ese chorizo ahumado que solo se encuentra en el este del país.
Última actualización: 18 de julio de 2026