Sobre el chat de Marruecos
El Atlas se alza al sur, con el pico Toubkal clavado en el cielo a 4.162 metros, mientras el Rif se enreda en la costa mediterránea como un manto verde sobre el mar. Entre ambos, la llanura atlántica se extiende desde Larache hasta Agadir, donde el viento dibuja dunas en el horizonte. Más al sur, el Sáhara comienza tras el Anti-Atlas, un desierto que parece traer el eco de caravanas antiguas bajo un sol que quema incluso en invierno.
En las ciudades, el olor a té con hierbabuena se mezcla con el rumor de las zocos, donde los puestos de cuscús humean junto a los de pastela. En el valle del Sebú, los ríos arrastran historias entre pueblos bereberes y ciudades como Fez, donde las medinas guardan zocos que huelen a cuero curtido y especias. Rabat, capital de muros blancos junto al mar, alterna palacios con calles donde el francés y el árabe se entrelazan como en ningún otro lugar.
Los marroquíes hablan de su país como Al-Maghrib, el Poniente, ese lugar donde el islam, el bereber y lo andalusí se fundieron en un solo ritmo. En verano, los festivales de música popular llenan plazas de ciudades como Essaouira, donde el gnawa resuena entre casas blancas y el Atlántico lame las murallas. Aquí no se pregunta de dónde vienes, sino qué has visto del Toubkal al desierto.
Última actualización: 12 de agosto de 2026