Sobre el chat de Chauen
La primera vez que ves Chauen, el azul de sus casas —tan intenso que parece sacado de los sueños de un pintor— te golpea como un azulejo fresco en verano. No es solo el color: es el aire, el olor a menta y a pan recién horneado en *Dar al-Maghzen*, la antigua residencia real convertida en museo, donde las paredes guardan más de tres siglos de historia alauí. Entre sus calles empedradas, los artesanos trabajan el cuero en los talleres de *Bab El Kasaba*, mientras los niños corren entre los arcos de la *Medina*, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997. Aquí el tiempo se mide en tazas de té verde con hierbabuena y en el eco de los almuédanos, que se mezclan con el regateo de los puestos de especias en el zoco.
Si sales de la Medina, el camino hacia *Chefchaouen Playa* —a solo 20 km— te regala una playa de aguas cristalinas donde los pescadores de la tribu Ghomara descargan cada tarde su captura. Pero el alma de Chauen late en sus fiestas: el *Moussem de Sidi Ali Bourequa*, en septiembre, llena la ciudad con danzas sufíes y carreras de caballos bereberes, mientras que en Ramadán, los faroles de papel pintado iluminan las calles hasta el amanecer. ¿Lo mejor? Aquí no hay prisa: la vida se vive entre sombras azules al mediodía y el murmullo de las fuentes por la noche.
Última actualización: 14 de julio de 2026