Sobre el chat de Alhucemas
Las Torres de Alcalá, esas cinco siluetas alineadas que miran al Mediterráneo desde el siglo XV, son el primer golpe de vista que te encuentra al llegar a Alhucemas. Nadie las confunde con otra cosa: fueron levantadas por los portugueses, siguen en pie tras siglos de mareas y vientos, y su sombra dibuja el límite entre la villa y el mar. Quien pasea por el puerto las usa como referencia para orientarse entre los barcos pesqueros que atracan cada mañana cargados de boquerones, salmonetes y cigalas de la bahía.
Lo que más se lleva en esta ciudad es el pescado fresco, asado o en escabeche, servido en los chiringuitos del puerto o en los restaurantes del centro. Las sardinas del mar de Alborán, los lenguados del Nekor y los calamares recién capturados son la base de una cocina que no necesita más que aceite, limón y sal para brillar. Junto a la mesa, las frutas del valle cercano y las ensaladas con verdura local completan un menú que huele a salitre y a tradición.
Fuera del bullicio del puerto, las ruinas de Al Mazamma y el sitio arqueológico de Bades recuerdan que aquí hubo una ciudad medieval próspera, conectada por rutas de caravanas. Y si lo que buscas es tranquilidad, los pueblos cercanos como Aduz o Tausart conservan antiguas mezquitas y casas de campo con encanto rifeño.
Última actualización: 26 de septiembre de 2026