Sobre el chat de Alhucemas
Frente a la bahía, donde las aguas del Mediterráneo besan la costa occidental marroquí, se alza el puerto de Alhucemas. Es el corazón de la ciudad, siempre vivo con el rumor de las olas y el trajín de las barcas que llegan con su captura diaria: lenguados de carne prieta, salmonetes rosados o las sardinas que aquí se sirven en la mesa con solo un toque de limón y perejil. Los locales y los forasteros que pasan por la zona se detienen en los chiringuitos de la explanada, donde el olor a salitre se mezcla con el ajo y el pimentón de los guisos de marisco.
Pero Alhucemas no es solo su puerto. A pocos minutos, en Sfiha, quedan las ruinas de Al Mazamma, vestigio del antiguo Emirato de Nekor, un reino fundado en el siglo I que aquí dejó su huella en piedra. Más cerca, en Aduz, la mezquita medieval junto a las casas de adobe y techos planos es el orgullo de los mayores, que aún recuerdan cuando las mujeres del pueblo se reunían en el zoco de Agni Ben Boufrah, reservado solo para ellas los días de mercado.
Y si el fútbol es pasión, el estadio Mimoun Al-Arsi, con su césped artificial y capacidad para 12.500 espectadores, es el escenario donde el Chabab Rif Alhoceima pelea cada temporada por quedarse en división de honor. Lo que empieza en el puerto con una sardina a la brasa puede terminar horas después en el banco del estadio, discutiendo la jugada que pudo ser.
Última actualización: 9 de agosto de 2026