Sobre el chat de Bormujos
En Bormujos, cada atardecer huele a pan recién hecho. No es casualidad: la tradición panadera de la zona es de las pocas que resiste en la provincia, con hornos como el de la familia González, en la calle Real, que desde 1923 amasa las hogazas que luego se reparten por Sevilla capital. El olor a leña y harina se cuela incluso en las conversaciones más distendidas, porque aquí hablar de fútbol —con el Betis o el Sevilla en la cabeza— o de la Romería del Rocío no es lo mismo que en otros pueblos: el Rocío, para los de Bormujos, tiene rostro conocido en cada hermandad, y hasta el paso de la Blanca Paloma por la carretera de Huelva se vive como un evento local.
Si te acercas al centro, la plaza de España es el termómetro social: los bancales de piedra bajo los ficus son el escenario de tertulias improvisadas que a veces derivan en debates sobre los precios del aceite —el de la cooperativa local, claro— o en risas cuando alguien recuerda aquél verano en que el agua de la fuente pública se cortó tres días seguidos. Y si lo tuyo es el tapeo, no te pierdes el Bar Los Arcos, donde sirven las croquetas de jamón ibérico que hasta los sevillanos piden para llevar. Eso sí, llega antes de las dos y media, porque a esa hora ya no queda ni un rastro de tapas.
Última actualización: 6 de agosto de 2026