Sobre el chat de Antofagasta
El sol cae a plomo sobre el Morro de Antofagasta, ese peñón que vigila la bahía desde 1868. Más allá del puerto, donde los barcos llegan cargados de cobre, la ciudad se extiende entre cerros rojizos y calles que suben y bajan como si el terreno no acabara de decidirse. Por las noches, en el centro, el paseo peatonal de Arturo Prat se llena de familias comiendo sopaipillas o helados, mientras los faroles dibujan sombras largas sobre el adoquín. Aquí el calor no perdona: en verano, las temperaturas superan los 30 grados al mediodía, pero al atardecer, un viento fresco baja de la cordillera y trae el olor a salitre de la costa.
Si quieres vivir la esencia antofagastina, date una vuelta por el Mercado Central. No es solo un lugar para comprar pescado fresco o mariscos al vapor en puestos como 'La Paloma'; es donde los pescadores cuentan historias de marejadas y los turistas se pierden entre cajas de erizos y locos. Los domingos por la mañana, la feria de La Chimba, en el barrio del mismo nombre, despliega puestos de artesanías en lana de vicuña y platería atacameña. Y si te gusta el fútbol, no digas que eres de aquí hasta que hayas gritado un gol en un clásico del Club de Deportes Antofagasta en el Estadio Regional Calvo y Bascuñán, donde la hinchada no se calla ni cuando el equipo pierde.
Última actualización: 18 de julio de 2026