Sobre el chat de Áncash
Bajo el cielo azul que se clava en el Callejón de Huaylas, Ancash guarda uno de los paisajes más brutales del Perú: la Cordillera Blanca, con el Huascarán a sus pies. Desde Huaraz —la capital— hasta pueblos como Caraz o Yungay, las calles huelen a pan fresco de chuta en la madrugada y a cerveza artesanal de las heladerías del centro. Si pasas por Chavín de Huántar, no te pierdes el museo del Lanzón Monolítico: ahí está la rabia de los antiguos huari tallada en piedra.
Los ancashinos no hablan de turismo, lo viven. En el mercado de Huaraz venden queso de cabra de la zona, choclo con queso y hasta trucha de las lagunas a 4.000 metros. Y cuando cae la tarde, cualquier plaza se llena de jóvenes con mochilas y viejos que cuentan historias de los aludes de 1970. Si te gusta el trekking, aquí el Santa Cruz o el Alpamayo son como ir a la oficina: conocidos de toda la vida.
Última actualización: 7 de agosto de 2026