Sobre el chat de Zacapa
El viento caliente del Valle Meridional del Río Motagua se cuela entre las calles de Zacapa como un invitado incómodo que no se va. Aquí el sol no se contenta con calentar: lo quema todo, y la tierra reseca se agrieta bajo un cielo que rara vez llora más de unos días seguidos. El Río Grande de Zacapa serpentea a las afueras, serpiente de agua en un desierto, recordando que la vida se resiste incluso en los lugares más hostiles.
Quien visite Zacapa no se irá sin probar las tortillas de harina con churrasco o un helado de tuna, dulce que el clima seco convierte en tesoro. En el parque ecológico El Viso Agua Zarca se escucha el crujir de los chaparrales espinosos, mientras que en la antigua estación del Ferrocarril del Norte —ahora museo— el olor a puro artesanal y a ron añejo se mezcla con el polvo de los siglos. La Catedral San Pedro, con su fachada austera, es el único refugio donde el fresco se respira sin que el aire queme.
Los que pasan por aquí suelen quedarse por el Ron Zacapa Centenario, pero se quedan por el fútbol: el Estadio David Ordóñez Bardales vibra con los goles del Deportivo Municipal R-19, y en la Casa del Deportista los atletas sudan bajo el sol para pulir su resistencia. Si el calor no te derrite, Zacapa te atrapa con su terquedad.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026