Sobre el chat de Barberena
El aire caliente del mediodía se enreda entre las calles de Barberena, donde el clima tropical Aw no perdona ni a las sombras. Aquí, a mil sesenta y nueve metros de altura, el sol quema la piel pero no apaga el bullicio de un pueblo que crece entre fincas y caseríos. A lo lejos, las montañas de Santa Rosa dibujan un horizonte verde que corta el horizonte, mientras el olor a leña quemada y café recién molido se mezcla con el polvo de los caminos que serpentean entre barrios y colonias.
En la cabecera municipal, lo de siempre: gente que se saluda por el nombre, negocios que abren con el sol y un ritmo que no entiende de prisa. No busques plazas mayores ni catedrales con nombre pomposo: Barberena huele a lo suyo, como el aroma del *pupus*, ese plato que aquí se sirve en cada esquina sin necesidad de menú. Y cuando cae la tarde, el pueblo se llena de risas y conversaciones que solo ocurren donde la tierra y la gente se conocen de toda la vida.
Entre aldeas como El Jícaro o caseríos como El Limón, la vida sigue su curso con la misma naturalidad que el agua de los ríos que riegan estas tierras. Si pasas por Barberena, no te pierdas el detalle: hasta los barrios —como El Centro o La Reforma— tienen su propia historia, escrita en las paredes y en los labios de quienes los habitan.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026